Los valores son el corazón de ACT: le dan dirección y sentido a todo lo demás. Aceptar el malestar o tomar distancia de los pensamientos solo tiene sentido si es al servicio de algo que importa. Sin embargo, es uno de los procesos donde más tropezamos los terapeutas.
1. Confundir valores con metas
«Conseguir pareja» o «terminar la tesis» son metas: se cumplen y se tachan de la lista. Los valores son direcciones, como ser una pareja cariñosa o aprender con curiosidad, que nunca se terminan. Las metas son útiles como pasos concretos en esa dirección.
2. Imponer los valores del terapeuta
Si el consultante elige algo que a nosotros nos parece poco relevante, la tentación de corregirlo es grande. En ACT, los valores son elegidos libremente por la persona. Nuestro papel es ayudar a clarificarlos, no a definirlos.
3. Convertir los valores en nuevas reglas rígidas
«Debería ser siempre un buen padre» puede transformarse en una fuente de culpa y autoexigencia. Cuando un valor suena a obligación, conviene explorar si está funcionando como regla verbal rígida.
4. Quedarse en lo intelectual
Hacer una lista de valores no basta. Los ejercicios experienciales (imaginar el propio funeral, la metáfora de la brújula o recordar momentos de vitalidad) ayudan a contactar con lo que importa de forma más profunda.
5. No conectar valores con acción
Un valor que no se traduce en conducta queda en buenas intenciones. Cierra el trabajo con valores con un paso concreto, pequeño y alcanzable para la semana, y anticipa las barreras internas que pueden aparecer.
Los valores no se alcanzan: se viven, una acción a la vez.